Hungría, una batalla que une a la Casa Blanca con el Kremlin y hasta la Casa Rosada

Hungría, una batalla que une a la Casa Blanca con el Kremlin y hasta la Casa Rosada


Los húngaros votarán el próximo domingo para designar al partido que elegirá en el Congreso al primer ministro que gobernará durante los próximos cuatro años. Si no pasa algo extraordinario en estos últimos cinco días de campaña podría ser que el voto ciudadano provoque un estallido de estupor al sacarse de encima a Viktor Orbán, un señor que gobierna el país hace 16 años y un confuso personaje al que podría decirse que cuasi aman por igual en la Casa Blanca (Donald Trump), en el Kremlin (Vladimir Putin) y, válgame dios, hasta en la Casa Rosada (Javier Milei). Extraño sujeto este al que podrían patear los ciudadanos de la milenaria cultura desarrollada a orillas del Danubio, al que resisten en la Europa de estos días y al que repudian los universales defensores de los Derechos Humanos.

Podría decirse que esa multitud de contradictorios amores hace compleja toda intención de sana comprensión, porque en el juego que realmente importa las dos potencias apuestan por un mismo potro que, de ganar, beneficiará por igual a los intereses simbolizados por Trump y Putin. ¿Y Milei? En esa penca el porteño se queda con la ñata contra el vidrio y a la espera. Si pierde Orbán, él también perderá. Si gana, ni fu ni fa, simplemente no pierde. Sin que nadie lo haya invitado al baile puso tantos boletos por otra reelección de Orbán que le costará sacar la pata del lazo. En Europa todos guardaron un cuidadoso silencio. Entre los 32 de la OTAN y los 27 de la UE –aunque muchos comparten la misma ultraderecha de Orbán– ninguno apostó, pese a haber llegado a acusar al húngaro de espiar para Rusia.

Aunque el partido opositor Tisza, de Péter Magyar, corre primero en las ocho encuestas más respetables, con ventaja de nueve a 14 puntos sobre el Fidesz de Orbán, es erróneo traspasar los datos linealmente. El sistema electoral es un complejo entramado mixto de 106 distritos uninominales (circunscripciones que eligen a un sólo representante) y listas proporcionales que normalmente favorecen al partido que domina los distritos rurales y cuenta con fuerte presencia en la diáspora. Ante cada elección se ha dicho que existe una manipulación de las circunscripciones y una ingeniería institucional que premia al candidato del partido en el gobierno. Para que Tisza logre la mayoría del Congreso de 199 miembros, necesita una buena diferencia. Una victoria menor al 9% aseguraría la continuidad de Fidesz gracias a la distribución de las bancas uninominales y el peso del voto exterior.

Hungría, una batalla que une a la Casa Blanca con el Kremlin y hasta la Casa Rosada
Viktor Orbán gobierna el país hace 16 años.

Véase al grado de fanatismo con el que participan los opinantes. Adviértase primero que ninguno recordó, siquiera, que sobre Orbán y su régimen pesan los más diversos cargos: asesinatos y persecución de opositores y voces críticas del Poder Judicial, la academia y los medios de comunicación; impulsar políticas de represión a minorías específicas; espionaje a favor de potencias extranjeras; simulacro de auto atentado; fraude en el decisivo reparto de bancas en las tres elecciones previas a estas del próximo domingo. Y hasta un caso específico de corrupción que benefició a la hermana –siempre hay una hermana– de un alto funcionario ruso para la cual el canciller húngaro Péter Szijjártó medió con chantajes para que fuera sacada de una lista de sancionados dispuesta por la Unión Europea.

Volviendo. En su escaso lenguaje, y preocupado por lo que puede ser de su futuro político y de su libertad después de las elecciones de noviembre, Trump se dirigió imperativamente al electorado y le dijo: “Viktor es un fenómeno democrático fuerte y poderoso (…), es mi amigo, salgan a las calles y voten por él. Estoy con él hasta la muerte”. Más escueto, pero igualmente comprometido, Putin elogió la “postura democrática y equilibrada del gran líder húngaro ante la desnazificación de Ucrania” y fue concreto, a “los bifes”: le garantizó a su amigo y aliado oculto la entrega de gas y petróleo y la continuidad del acuerdo para construir una segunda central atómica en Paks, sur del país. Así, Hungría recibe de Rusia más del 80% de sus necesidades de petróleo y gas y el 100% del combustible nuclear.

Milei estuvo el 23 de marzo en Budapest para participar de otra versión de la Conferencia de Acción Política Conservadora (nazifascista) y allí coincidió con Orbán. Ya se habían visto en Washington en febrero, cuando Trump los había llamado para una cita del Consejo de la Paz. Entonces, embelesados ante el jefe, ambos se abrazaron como borrachos en el estaño para remedar a Elvis Presley en su “Burning Love”. En la capital húngara fueron más discretos. Se saludaron, y desde el estrado Milei lanzó su parrafada: “Quisiera felicitar a mi amigo Viktor –dijo– por hacer de Hungría un bastión de la democracia. En una Europa cada vez más vacilante, Viktor fue el primero en pararse frente a todos para decirles lo que nadie quería oír, que Occidente está en peligro. Por eso yo lo banco”.

Para la UE fue inevitable entrometerse en los asuntos húngaros después de que el The Washington Post tomara los dichos de funcionarios europeos y asegurara que Szijjártó espiaba para Rusia. La filtración no fue inocente y muestra cuánta porquería hay detrás del proceso electoral. Casi a la par de la versión del diario de Washington, Péter Magyar, el líder del partido que puede desbancar a Orbán, lanzó el más potente de los lemas electorales, llamado a tener una fuerte incidencia a la hora de votar. “Si se confirma que el canciller espía para Putin, eso es traicionar los intereses de Hungría y Europa, es traición a la patria, un delito que conlleva a una condena de cadena perpetua. Nuestro gobierno –dijo–  investigará el asunto de inmediato y la dupla Orbán-Szijjártó irá para siempre a la cárcel”.  «



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