Negros nubarrones se ciernen sobre el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, acosado por los casos de corrupción en su entorno más cercano y el apremio por aceptar la «Pax Trumpreana» que pretende la Casa Blanca. Habría que decir que, en realidad, se trata de dos caras de la misma moneda. Que justo ahora se difundan en los principales medios las tropelías que fueron creciendo a su alrededor en el contexto de las “ayudas” para su guerra contra Rusia forma parte, pocas dudas caben, de una estrategia para que firme el documento que este fin de semana deberá discutir una renovada delegación que viaja a Estados Unidos para tal fin. Eso de renovada porque a último momento el jefe del equipo, Andri Yermak, tuvo que dejar el cargo luego de que integrantes de la Oficina de Lucha Anticorrupción de Ucrania (NABU) le hubieran registrado la vivienda en el marco de una investigación bautizada con el sugestivo nombre de Operación Midas.
Ahora los que estarán en la mesa de diálogo en Florida con el enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, y el yerno de Trump, Jared Kushner, y del otro lado el hasta ahora número 2, Rustem Umerov, secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, y el adjunto, Alexander Bevz. La delegación incluye al titular de la Dirección General de Inteligencia, Kirill Budanov; al vicejefe de los espías, Vadim Skibitsky; el jefe del Estado Mayor General de las FFAA, Andriy Hnatov y al jefe del Servicio de Inteligencia Exterior, Oleg Ivashchenko.
Según Zelenski, la misión de sus representantes será “definir con rapidez y rigor los pasos necesarios para poner fin a la guerra”. Se nota que ya no hay ambiente en Kiev como para esquivar el plan que presentó Trump y que no solo el presidente ucraniano sino los más belicosos mandatarios europeos, como Emmanuel Macron, Keir Starmer y Friedrich Merz, tratan de bloquear por los medios a su disposición. Que no son gran cosa a esta altura.
Verbigracia: cuando se conocieron los 28 puntos sobre los que se basaría un acuerdo con Rusia, los europeos pusieron el grito en el cielo diciendo que sin la anuencia de ellos no habría pacto posible. Y en una cumbre en Ginebra deslizaron que la cesión de territorio que actualmente ocupan las fuerzas rusas no sería aceptable, lo mismo que la reducción de las tropas ucranianas y el rechazo a que Ucrania se integre a la OTAN, entre otros detalles. En un alarde de sus antiguas dotes histriónicas, Zelenski dijo que se había planteado una contrapropuesta y que “ahora quedan 19 puntos”. Con eso, se mostró ganador.
Al mismo tiempo, varios medios filtraron una conversación de Witkoff con el delegado ruso Yuri Ushakov, asesor para asuntos internacionales de Vladimir Putin, que “la profundidad del acercamiento” supuestamente espurio de Trump con Putin, un latiguillo que se descarga sobre el empresario inmobiliario desde su primera campaña electoral, allá por 2016. Lo escandaloso de la charla sería que Witkoff le recomienda a Ushakov, en una charla muy amigable mientras discuten un futuro telefonazo Trump-Putin: “Yo llamaría simplemente para reiterar que felicitan al presidente por este logro, que lo han apoyado, que lo han respaldado, que respetan el hecho de que sea un hombre de paz y que están realmente feliz de haber visto cómo se ha producido. Yo diría eso. Creo que, a partir de ahí, la llamada será muy buena”.
Cuando interrogaron a Trump sobre este intercambio, se encogió de hombros y respondió: “No lo he oído, pero es algo habitual, ¿sabes?, porque tiene que convencer a Ucrania, tiene que convencer a Rusia. Eso es lo que hace un negociador. Tienes que decir: Mira, quieren esto, tienes que convencerlos. Es una forma muy habitual de negociación”. Frase típica de viejo zorro inmobiliario, la misma profesión de Witkoff, por cierto.
Ya se conocían otro tipo de conversaciones explosivas, estas de mayor carnadura y que golpean directamente sobre Zelenski. Por ellas, fueron cayendo Svitlana Hrinchuk, ministra de Energía, y Herman Halushchenko, titular de Justicia, tras una investigación que incluyó grabaciones secretas en distintos reductos de Kiev que probarían un plan para apropiarse de unos 100 millones de dólares de la estatal Energoatom. Timur Mindich, exsocio y muy cercano confidente del presidente desde sus tiempos de comediante televisivo, logró escapar a Israel cuando los agentes de la NABU lo iban a buscar. Ahora lo de Yermak.
Ni bien asumió su segundo mandato, Trump dijo «es hora de averiguar qué ha pasado con todo el dinero (que enviamos a Ucrania). Porque él (Zelenski) declaró que no sabe dónde está la mitad». Quizás tenga tiempo de encontrarlo antes de firmar el pacto que le acercó Witkoff.
